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Fobomade 2014
INVESTIGACIONESMULTIMEDIATRANSICION ENERGETICATransición energética

La ‘carrera del litio’ y la presión para la inserción de Bolivia en la economía global de guerra

FOBOMADE
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EPNE YLB

Patricia Molina

El discurso de “la carrera del litio” se fundamenta en la premisa de una demanda global creciente impulsada por la transición energética. Sin embargo, lo que se presenta como una inevitabilidad técnica es, en realidad, una construcción política y económica condicionada por relaciones de poder. Busca instalar una lógica de urgencia, competencia y aceleración extractiva que encubre procesos más profundos de reconfiguración del poder global. Más alla de la competencia entre países, lo que está en juego es la inserción subordinada de territorios como Bolivia en dinámicas determinadas no solo por la transición energética, sino también a una economía global atravesada por la guerra.

En contextos marcados por conflictos armados, los minerales críticos adquieren un papel estratégico. Tecnologías presentadas como soluciones climáticas —baterías, sistemas de almacenamiento, electrificación— forman parte de infraestructuras energéticas que sostienen operaciones militares. Los sistemas de energía renovable, incluidos paneles solares, almacenamiento con litio y redes descentralizadas se utilizan en bases militares, sistemas de vigilancia, operaciones de campo y dispositivos autónomos. La transición energética no está separada de la guerra: está integrada a ella.

El sentido de “la carrera por el litio”, no es neutral ni inocente, se define por demandas externas que buscan abastecer cadenas de producción globales al servicio de intereses industriales, tecnológicos y también militares sin cuestionar quién controla esos recursos y para qué fines se orienta. Así, más que una simple competencia entre países, lo que está en juego es la inserción subordinada de territorios como Bolivia en la economía global atravesada por la guerra. En este escenario, la presión por abrir sectores estratégicos como el litio al capital transnacional desplaza el debate sobre el propósito mismo de la explotación, la priorización de necesidades locales, valor agregado, tiempos ecológicos, control estatal  y soberanía.

Los conflictos contemporáneos reconfiguran la demanda global de estos minerales y profundizan su extracción bajo lógicas de urgencia. Las regiones ricas en recursos estratégicos, como los salares andinos, se integran de manera más agresiva a circuitos globales de producción vinculados tanto a la transición energética como a la industria bélica. Reducir el litio a un insumo “neutral” ignora su inserción en el entramado global donde economía y guerra operan bajo la misma lógica.

Las emisiones de CO₂ que producen las guerras, de carácter intensivo, descontrolado y directamente asociadas a la destrucción son altamente relevantes. “Los ejércitos y la guerra contribuyen de forma significativa y a menudo oculta a la crisis climática… Es importante considerar todas las actividades, desde la producción de equipo militar hasta el consumo de combustible durante los combates, desde el daño a las reservas de carbono, como los bosques, hasta las labores de limpieza y reconstrucción tras el fin de la guerra”. (The Guardian, 2025)

La guerra en Ucrania ha producido más de 150–300 millones de toneladas (MT) desde 2022. Los escombros dejados por el bombardeo israelí de Gaza podrían generar más de 90.000 toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero y su eliminación y procesamiento podrían tardar hasta cuatro décadas. (The Guardian, 2025). En el Golfo Pérsico, los bombardeos a Irán por parte de Estados Unidos e Israel, junto con la progresiva intensificación y expansión regional del conflicto, han generado un escenario de creciente inestabilidad, con impactos no solo geopolíticos y humanos, sino también ambientales.

En este escenario, la transición energética aparece atravesada por una contradicción estructural: mientras se promueve la descarbonización, los conflictos bélicos reactivan y profundizan la dependencia de combustibles fósiles, al tiempo que multiplican la presión por el control de recursos estratégicos.

Litio, minerales críticos y poder global

El litio forma parte de un conjunto más amplio de materias primas críticas para la manufactura avanzada y aplicaciones militares, junto a cobalto, tungsteno, germanio y tierras raras. Estos minerales son imprescindibles en motores de alto rendimiento, sensores, visión nocturna, radares, misiles, misiles, drones y otras tecnologías de defensa (Benchmark Minerals, 2026). El complejo industrial-militar depende de flujos constantes de estos materiales, lo que refuerza su carácter estratégico y eleva la presión sobre los territorios donde se encuentran.

El control de estos recursos críticos no reside en los países productores, sino en grandes redes financieras globales que participan simultáneamente en el sector minero, energético, tecnológico militar. Una parte significativa de las empresas que explotan minerales críticos tiene entre sus principales accionistas a las principales gestoras de inversiones como BlackRock, Vanguard y State Street, que operan como actores estructurales del sector que también poseen participaciones importantes en empresas de combustibles fósiles, tecnologías militares y sistemas no tripulados. BlackRock y Vanguard figuran entre los principales accionistas de corporaciones mineras de litio, consolidando la influencia del capital financiero global (El Ciudadano, 2025). Esto configura una estructura de poder que trasciende a los Estados y articula intereses económicos con agendas geopolíticas, donde el litio ocupa un lugar cada vez más relevante.

En Brasil, la apertura a las inversiones extranjeras, implementada durante el gobierno de Bolsonaro, -actualmente en la cárcel-, facilitó la entrada de estas gestoras como accionistas en empresas estratégicas —como Petrobras, sus filiales y Eletrobras. Este proceso habilitó la expansión de capitales hacia actividades como la explotación petrolera en la Amazonía, avanzando sobre territorios previamente protegidos y áreas sensibles vulnerabilizandolos con la desregulación ambiental. Más que una simple apertura, se trata de la inserción de sectores estratégicos de Brasil en redes de control financiero global, cuya reversión resulta compleja incluso bajo gobiernos posteriores.

Además, aunque esas gestoras globales de inversión ya tenían una presencia consolidada en el agronegocio y la industria brasileña, el gobierno de Bolsonaro profundizó su inserción y facilitó su expansión hacia sectores estratégicos como la energía. Al mismo tiempo, generó condiciones políticas y regulatorias que favorecieron la expansión de la frontera agrícola, en un contexto de desregulación ambiental y aceleración extractiva.

Bolivia: ruptura de una estrategia y reconfiguración del discurso

En Bolivia, la creación de Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) respondió a una visión estratégica orientada al control estatal integral de la cadena de valor. Este enfoque se sustentaba en principios claros: priorización de necesidades locales, respeto a los tiempos ecológicos de los salares, procesos de consulta y participación social y construcción de valor agregado en el país (Molina, 2025). El modelo fue interrumpido en 2019, tras la ruptura democrática del gobierno de Añez, a partir del cual se quebró la continuidad institucional y fueron paralizados avances clave de la Estrategia Nacional de Recursos Evaporíticos.

Su continuidad no fue restituida bajo la gestión de Luis Arce, caracterizada por una creciente desarticulación institucional, marcada por la sucesión de gerencias sin consistencia técnica en la empresa estatal Yacimientos de Litio Boliviano YLB, decisiones contradictorias y la exclusión de los equipos técnicos que habían construido el proceso hasta 2019.

Fueron lanzadas convocatorias públicas que desconocieron desarrollos ya alcanzados y que, en la práctica, reinstalaban un punto de partida casi inicial. En este contexto, incluso aspectos operativos críticos —como la no culminación de la impermeabilización y construcción de las piscinas de evaporación—, impactaron directamente en la producción y limitaron la posibilidad de escalar la producción. Esto facilitó lo que podría caracterizarse como una fase de “precapitalización”: un proceso en el que, a través de la acumulación de problemas reales o amplificados —ineficiencia, corrupción, desorden institucional, falta de capacidad tecnológica— se instala una narrativa que busca desacreditar la capacidad del Estado para gestionar sectores estratégicos y convierte a las empresas estatales en inviables, desarticulando los avances logrados hasta el 2018. Esta narrativa prepara el terreno para justificar su apertura a las inversiones extranjeras y el proceso de privatización del litio, bajo el argumento de que solo el capital transnacional puede garantizar eficiencia, tecnología y resultados, reproduciendo un patrón ya conocido en Bolivia desde la década de 1990.

Lenguaje, poder y guerra

La intersección entre transición energética y complejos militares-industriales es, en la práctica, mucho más difusa de lo que el discurso dominante reconoce.

En ese contexto, la pregunta es ineludible: ¿debe América Latina —y en particular los territorios andinos— asumir los costos ambientales, sociales y sanitarios de una explotación acelerada, para abastecer un sistema global que no solo no ha resuelto la crisis climática, sino que continúa profundizando dinámicas de guerra y destrucción?

Hablar de “carrera” implica aceptar reglas impuestas desde fuera. Implica renunciar a decidir los ritmos, los fines y las condiciones de uso de nuestros recursos. Y en última instancia, significa subordinar territorios, poblaciones y ecosistemas a una lógica que no responde a las necesidades locales, sino a las exigencias de acumulación y control global.

Frente a ello, la discusión sobre el litio no puede limitarse a cómo insertarse más rápido en el mercado, sino a si ese camino —tal como está planteado— es compatible con la vida, la soberanía y la paz.

Referencias:

Benchmark Minerals. (2026). Batteries and defence: The new demand driver. https://source.benchmarkminerals.com/article/batteries-and-defence-the-new-demand-driver

El Ciudadano. (2025, octubre 13). Inside SQM’s links to BlackRock and the alleged ties to the Gaza genocide. https://www.elciudadano.com/actualidad/inside-sqms-links-to-blackrockand-the-alleged-ties-to-the-gaza-genocide/10/13/

Paul Maquet, (2026, 17 de marzo). La “Debida Diligencia” al revés. COOPERACCION. https://cooperaccion.org.pe/opinion/la-debida-diligencia-al-reves/

The Guardian, 2025. Clearing Gaza rubble could yield 90,000 tonnes of planet-heating emissions.  https://www.theguardian.com/world/2025/jul/22/gaza-rubble-environment-emissions-impact

P. Molina 2025. En el Corazón del Litio: De la Promesa Soberana a las Presiones del Capital Transnacional. Una alerta al giro tecnológico y político del modelo estatal boliviano hacia la subordinación al capital global. FOBOMADE. https://fobomade.org.bo/transicion-energetica/en-el-corazon-del-litio-de-la-promesa-soberana-a-las-presiones-del-capital-transnacional/

Versión en inglés

The “Lithium Race” and the Pressure for Bolivia’s Integration into the Global War Economy

Patricia Molina
The discourse of the “lithium race” is based on the premise of a growing global demand driven by the energy transition. However, what is presented as a technical inevitability is, in fact, a political and economic construct shaped by power relations. It seeks to establish a logic of urgency, competition, and accelerated extraction, concealing deeper processes of global power reconfiguration. Beyond competition between nations, what is at stake is the subordinate integration of territories such as Bolivia into dynamics determined not only by the energy transition but also by a global economy shaped by war.

In contexts marked by armed conflicts, critical minerals assume a strategic role. Technologies presented as climate solutions—batteries, storage systems, electrification—are part of energy infrastructures that support military operations. Renewable energy systems, including solar panels, lithium-based storage, and decentralized grids, are used in military bases, surveillance systems, field operations, and autonomous devices. The energy transition is not separate from war; it is integrated with it.

The “race for lithium” is neither neutral nor innocent. It is defined by external demands that seek to supply global production chains serving industrial, technological, and military interests, without questioning who controls these resources or for what purposes. Thus, beyond mere competition between countries, what is at stake is the subordinate integration of territories such as Bolivia into a war-affected global economy. In this scenario, the pressure to open strategic sectors such as lithium to transnational capital displaces debate over the very purpose of exploitation, the prioritization of local needs, value addition, ecological timelines, state control, and sovereignty.

Contemporary conflicts reshape global demand for these minerals and intensify extraction under logics of urgency. Resource-rich regions, such as the Andean salt flats, are integrated more aggressively into global production circuits linked both to the energy transition and the military-industrial sector. Reducing lithium to a “neutral” input ignores its integration into a global system in which economy and war operate under the same logic.

The CO₂ emissions produced by wars, which are intensive, uncontrolled, and directly linked to destruction, are highly significant. “Armies and warfare contribute significantly, and often invisibly, to the climate crisis… It is important to consider all activities, from the production of military equipment to fuel consumption during combat, from damage to carbon reservoirs, such as forests, to post-war cleanup and reconstruction” (The Guardian, 2025).

The war in Ukraine has generated over 150–300 million tons of CO₂ since 2022. Debris from the Israeli bombardment of Gaza could produce more than 90,000 tons of greenhouse gas emissions, with removal and processing potentially taking up to four decades (The Guardian, 2025). In the Persian Gulf, U.S. and Israeli bombings of Iran, together with the progressive intensification and regional expansion of the conflict, have created increasing instability with geopolitical, human, and environmental impacts.

In this context, the energy transition faces a structural contradiction: while decarbonization is promoted, armed conflicts reactivate and deepen fossil fuel dependence, simultaneously increasing pressure over the control of strategic resources.

Lithium, Critical Minerals, and Global Power

Lithium is part of a broader set of critical raw materials essential for advanced manufacturing and military applications, alongside cobalt, tungsten, germanium, and rare earth elements. These minerals are indispensable for high-performance engines, sensors, night vision, radars, missiles, drones, and other military technologies (Benchmark Minerals, 2026). The military-industrial complex relies on constant flows of these materials, reinforcing their strategic value and increasing pressure on the territories where they are found.

Control over these critical resources does not rest with producing countries but with large global financial networks active simultaneously in mining, energy, and military technology. A significant share of companies exploiting critical minerals counts major investment firms such as BlackRock, Vanguard, and State Street among their primary shareholders; these firms also hold stakes in fossil fuels, military technologies, and unmanned systems. BlackRock and Vanguard are among the main shareholders of lithium mining corporations, consolidating the influence of global financial capital (El Ciudadano, 2025). This creates a power structure that transcends states and aligns economic interests with geopolitical agendas, with lithium occupying an increasingly central position.

In Brazil, foreign investment liberalization under Bolsonaro—currently imprisoned—facilitated the entry of these financial actors into strategic companies such as Petrobras, its subsidiaries, and Eletrobras. This process enabled capital expansion into activities such as oil exploitation in the Amazon, encroaching on previously protected territories and sensitive areas, made vulnerable by environmental deregulation. Far from a simple market opening, this represents the integration of Brazil’s strategic sectors into global financial control networks, whose reversal is complex even under subsequent governments.

Although these global investment managers already had a consolidated presence in agribusiness and the Brazilian industry, Bolsonaro’s government deepened their insertion and facilitated expansion into strategic sectors such as energy, while generating political and regulatory conditions that favored agricultural frontier expansion amid environmental deregulation and extractive acceleration.

Bolivia: Disruption of a Strategy and Reconfiguration of Discourse

In Bolivia, the creation of Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB) reflected a strategic vision focused on comprehensive state control over the value chain. This approach was based on clear principles: prioritization of local needs, respect for ecological timelines in the salt flats, social consultation and participation, and domestic value addition (Molina, 2025). The model was interrupted in 2019, following the democratic rupture during the Añez government, which broke institutional continuity and halted key advances in the National Strategy for Evaporitic Resources.

Its continuity was not restored under the administration of Luis Arce, characterized by growing institutional disarticulation, successive managerial changes lacking technical consistency, contradictory decisions, and exclusion of the technical teams that had developed the process until 2019.

Public calls for proposals disregarded previous achievements and effectively reinstated a near-zero starting point. In this context, even critical operational aspects—such as the incomplete waterproofing and construction of evaporation pools—directly impacted production and limited the possibility of scaling. This facilitated what could be described as a phase of “pre-capitalization,” in which the accumulation of real or amplified problems—inefficiency, corruption, institutional disorder, lack of technological capacity—installed a narrative seeking to discredit the state’s ability to manage strategic sectors, rendering state enterprises apparently unviable. This narrative prepares the ground for foreign investment and lithium privatization under the argument that only transnational capital can guarantee efficiency, technology, and results—a pattern familiar in Bolivia since the 1990s.

Language, Power, and War

The intersection of the energy transition and military-industrial complexes is, in practice, far more blurred than the dominant discourse acknowledges.

In this context, the question is unavoidable: should Latin America—and particularly the Andean territories—bear the environmental, social, and health costs of accelerated extraction to supply a global system that has not only failed to resolve the climate crisis but continues to deepen dynamics of war and destruction?

Framing it as a “race” implies accepting externally imposed rules, relinquishing the right to determine the pace, purpose, and conditions of resource use. Ultimately, it subordinates territories, populations, and ecosystems to a logic that does not respond to local needs but to global accumulation and control imperatives.

Against this backdrop, the debate over lithium cannot be limited to faster market integration but must consider whether the current trajectory is compatible with life, sovereignty, and peace.

Referencias:

Benchmark Minerals. (2026). Batteries and defence: The new demand driver. https://source.benchmarkminerals.com/article/batteries-and-defence-the-new-demand-driver

El Ciudadano. (2025, octubre 13). Inside SQM’s links to BlackRock and the alleged ties to the Gaza genocide. https://www.elciudadano.com/actualidad/inside-sqms-links-to-blackrockand-the-alleged-ties-to-the-gaza-genocide/10/13/

Paul Maquet, (2026, 17 de marzo). La “Debida Diligencia” al revés. COOPERACCION. https://cooperaccion.org.pe/opinion/la-debida-diligencia-al-reves/

The Guardian, 2025. Clearing Gaza rubble could yield 90,000 tonnes of planet-heating emissions.  https://www.theguardian.com/world/2025/jul/22/gaza-rubble-environment-emissions-impact

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ETIQUETADO:guerraLitioYLB
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