Bolivia: sitio desnuclearizado

El presidente de Bolivia Evo Morales anunció a fines del 2013, un ambicioso plan de promoción de la energía nuclear con fines pacíficos que forma parte de la llamada Agenda Patriótica, el programa de desarrollo de Bolivia hasta 2025. El presidente nada contra corriente: la participación de la energía nuclear en el ámbito mundial es tan solo de un 6%. Incluso en países como Francia o Japón, que en su momento optaron por la creación de numerosas centrales, el porcentaje de energía de origen nuclear no llega al 20%. A nivel mundial, diversas potencias frenan la construcción de centrales nucleares y algunas renuncian al desarrollo de esta energía.

La historia de la energía nuclear es una historia de accidentes y desastres: desde crisis parciales hasta filtraciones radiactivas y fallas en los sistemas internos. Los archivos demuestran que estos accidentes no están confinados a un tiempo, país o tipo de reactor en particular. En resumen, la energía nuclear es inherentemente peligrosa. En Alemania la ministra Merkel anunció el abandono de la energía nuclear dentro de los próximos años.

Frente al rechazo de la población el presidente aseveró que el proyecto es para investigación y usos en medicina, sin embargo la tecnología nuclear se utiliza en Bolivia hace más de 20 años, enfocada para la salud y la investigación agropecuaria y geológica.

Además de la inseguridad, los grandes problemas ambientales de estas plantas son los desechos radiactivos: las basuras más peligrosas que produce el hombre. Con dañinos para la salud humana, la fauna y la flora, contaminan suelos y agua y persisten por siglos. El otro gran problema es el gran volumen de agua que se requiere para enfriar los reactores y también cuando ocurren accidentes.

Las centrales nucleares son muy caras, ya que se deben sumar los costos de seguridad, los elevados costos de manejo de la basura nuclear, y los costos de los accidentes.

Las inversiones en energía nuclear son de tal envergadura que siempre están en manos de gobiernos o grandes corporaciones, y nunca en manos del “pueblo”. El sector es tan peligroso, que siempre está rodeado de medidas de una seguridad militarizada. Los accidentes son ocultados y minimizados por las corporaciones y los gobiernos. Los ciudadanos quedan indefensos.

El país estaría obligado a comprar combustible nuclear en el exterior (uranio 235), así como la tecnología de las centrales, además de espacio y tecnología para la basura de los reactores, lo que genera dependencia.
El mismo representante de la OIEA de Argentina, Pablo Adelfang, dijo en La Paz: “Estudien, discutan analicen, antes de embarcarse en un proyecto de energía nuclear”.

En un país con suficientes fuentes energéticas, un proyecto peligroso y sin justificación técnica ni económica debe ser cuestionado con participación ciudadana y el ejercicio de derechos.
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