Publicado el 2010-05-17

Los plaguicidas en tomates persisten días luego de su cosecha según los informes de una investigación

Un estudio realizado por investigadores universitarios detectó que las trazas de plaguicidas persisten en el tomate incluso hasta tres, siete y 10 días después de haber sido cosechado, según una publicación del portal digital del Programa de Investigación estratégica en Bolivia (PIEB).

Gloria Rodrigo es docente investigadora del Área de Genética Toxicológica del Instituto de Biología Molecular y Biotecnología de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), y ha trabajado en este tema con apoyo de la institución Plagbol.

La investigación incluyó la evaluación de los tomates en contenido de residuos de organoclorados y organofosforados (tema desarrollado por CASA) y el posible efecto genotoxicológico en el propio fruto.

“Hemos encontrado un efecto genotóxico –dice la investigadora— incluso después de que los tomates se lavan. Lamentablemente la pulpa es capaz de retener plaguicidas y éstos persisten en el tiempo. La evaluación química se hizo a los tres días después de cosecha, luego a los siete y por último a los diez días. Los resultados muestran que pese a que ha pasado 10 días en que se está conservando el tomate, todavía quedan residuos de plaguicidas y algunos de estos residuos todavía generan daño al material genético”.

El trabajo se realizó con tomates producidos en Cochabamba. Gloria Rodrigo advierte que se trata de un tema importante, que no debe derivar en la prohibición del consumo de esta fruta. La población podría reducir la toxicidad de la contaminación con sólo lavar y pelar el tomate antes de consumirlo porque eso reduciría la cantidad de residuos ingeridos. La otra opción es que las autoridades responsables garanticen un control y tratamiento eficiente de los cultivos.

Los plaguicidas no tienen un efecto inmediato sobre el organismo, no producen toxicidad, pero pueden acumularse en pequeñas cantidades y provocar a largo plazo una enfermedad como el cáncer.

Gloria Rodrigo considera importante continuar la investigación, en una segunda fase sobre el efecto del consumo de tomate en poblaciones humanas.

“Esto va a ser más complicado porque las personas no sólo consumen tomate. Entonces hay que ver mecanismo más óptimo para medir el consumo real de tomate por cada persona, el origen y tipo del tomate. Pero además es importante considerar que las personas somos diferentes a la hora de responder a un tóxico... Los estudios poblacionales son dificultosos por eso”, dice la docente universitaria.

El siguiente paso, de todos modos, es continuar la evaluación del tipo de plaguicidas que se usan en otras comunidades campesinas, el tipo de persistencia de esos tóxicos y las interacciones entre los distintos plaguicidas.

Entre los seres humanos habría que determinar qué respuestas generan estos químicos al organismo y si se han desarrollado tolerancias a distintos niveles de exposición. Con base en estos datos se podría aportar a generar una normativa propia de límites permisibles de todas esas sustancias en los alimentos.


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