Publicado el 2012-05-09

20 años de rebeldía de los pueblos y nacionalidades de la región Amazónica

Marlon Santi

Este 11 de mayo se celebran 20 años de la gran caminata realizada por la organización de pueblos indígenas de Pastaza (OPIP), denominada “Marcha por la tierra, por la vida, levantémonos”. Se levantó una voz nacida desde las entrañas de la selva amazónica en Ecuador.

Eran los años cuando el movimiento indígena amazónico empezaba a reclamar sus derechos al reconocimiento de las tierras consideradas baldías por los poderes del Estado. Muchos de los compañeros salieron a caminar: los kichwas desde la distintas zonas donde habitan, como los de la cuenca del Kuraray; los compañeros de la cuenca del Villano, los compañeros de la cuenca del Bobonaza. Los pueblos amazónicos, descritos hasta entonces como pueblos sin a alma, sujetos a la inhumana discriminación, rezagos quedados de la conquista.

 Los ideólogos de la marcha fueron del legendario pueblo de Sarayaku, que en múltiples reuniones   analizaba el peligro que veía venir en el futuro: la continuación de las doctrinas de la colonización ahora en cabeza de los madereros, las industrias petroleras, mineras, los planes de los gobiernos que estaban listos para ejecutar el mal llamado desarrollo.

Fue el inicio del reconocimientos de las nacionalidades amazónicas. Empezaba allí un proceso de unidad en la diversidad en el seno de la OPIP, por parte de los Shiwiar, Saparas, Achuar, Waorani, Shuar ya no como los pueblos a los que denominaban salvajes los misioneros de la evangelización, sino en la capacidad de poner en la agenda política su condición de pueblos libres, su autodeterminación; que piden el reconocimiento de sus territorios, mediante títulos de propiedad colectiva que garantice la vida y la continuidad de su cultura en las futuras  generaciones.

A la vista del gobierno, parecían como pedidos imposibles de conceder. Los dueños ancestrales de estos territorios pidiendo a los amos supremos su reconocimiento. Parecía que la historia marchaba al revés. ¿Por qué pedir siendo nosotros los dueños? ¿Por qué estar pidiendo que se nos otorguen títulos sobre lo que siempre había sido nuestro? 

En la realidad, era enfrentar la continuación de la doctrina colonizadora, que buscaba aniquilar a los indígenas y hacerse dueños de todo lo nuestro, hasta de nuestras vidas.

La Gran Marcha inició en Unión Base, sede de la CONFENIAE. Partió bajo la lluvia con toda la fuerza de la selva hasta llegar a Quito luego de un mes de caminata. Las voces se hicieron escuchar: Solo somos llamados ecuatorianos en tiempo de votos, luego nadie se acuerda de nosotros... de aquí nos iremos arreglando nuestro territorio señor gobierno, decía  Beatriz Gualinga, lidereza de Sarayaku.

En otro tono, el dirigente de la CONFENIAE Angel Tzamareda exigía: Queremos nuestro territorio para vivir y no para vender como pedazo de pan.

 Un 11 de mayo de 1992, el gobierno entregó los títulos de propiedad a las nacionalidades amazónicas. Cuatro millones de hectáreas, pero astutamente dejaron unas cláusula en las escrituras donde garantizaban que los recursos naturales aún pertenecía al Estado.

Muchos de nuestros líderes ya no están aquí. Dejaron el territorio para los hijos y partieron a la eternidad. Pero aquí seguimos nosotros, en la ruta de la lucha y la rebeldía. Después de 20 años algo paradójico ha sucedido: el gobierno de la revolución ciudadana ha planeado entregar cuatro millones de hectáreas a las empresas transnacionales petroleras. Así es la situación actual.

Después de 20 años se celebra el día de las nacionalidades enla ciudad de Puyo con 20 mil dólares de presupuesto, convirtiendo esta fecha en mero folklore. Los  prefectos y alcaldes después de 20 años solo nos ven como folklor y no como los sujetos de cambio que hemos sido para la nación.

Para reivindicar nuestros derechos y la memoria de Raúl Viteri, Beatriz Gualinga y tantos otros luchadores amazónicos, en Puyo sonarán mas de mil tambores desde la madrugada del 11 de mayo. Mil lanzas, mil cornetas, y la voces de nuestra presencia en la Región Amazónica, en Latinoamerica  y en el mundo.

Haremos despertar a la ciudad con danzas de guerra y diremos a los gobernantes que aún seguimos en de pie y nuestro territorios no se vende, es para nosotros y para nuestros hijos. La selva es para quienes vivimos allí y para los que vendrán.

Y en la legendaria selva de Sarayaku seguimos celebrando día a día el despertar de la Madre Tierra y el canto de la libertad de los pueblos.  

Saruyaku eternamente libre.


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