Publicado el 2012-01-26

Maíz transgénico Mon 810 de Monsanto vinculado a la falla masiva de órganos

SENA-Fobomade

El maíz producido por la transnacional norteamericana Monsanto afecta al hígado, riñones, corazón y a otros órganos de los mamíferos, evidenció un estudio realizado por investigadores franceses. Investigaciones previas demostraron que existe una relación entre el cáncer y los alimentos genéticamente modificados, así como una serie de incrementos de enfermedades y trastornos relacionados.

Investigadores franceses analizaron tres variedades de maíz genéticamente modificado y producido por Monsanto, que actualmente se encuentran aprobadas para su consumo en Estados Unidos, Europa y muchos otros países. De acuerdo con el estudio, estas variedades de maíz, como muchos alimentos genéticamente modificados, afectan la salud de los mamíferos cuando se incluyen en la dieta diaria. En este caso en particular los alimentos de Monsanto dañaron los órganos de ratas, revela el estudio publicado en el International Journal of Biological Sciences.

En cuanto a las consecuencias específicas que el consumo de semillas Mon 863, Mon 810 y NK 603 implicó en las ratas analizadas, las más notables fueron en las funciones del hígado y los riñones, los órganos principales en cuanto a desechar sustancias tóxicas se refiere, pero también resultaron afectados el corazón, el bazo, las glándulas suprarrenales en incluso las células sanguíneas.

Concluimos —escriben los científicos— que nuestros datos sugieren fuertemente que dichas variedades de maíz genéticamente modificado inducen un estado de toxicidad hepato-renal. Estas sustancias nunca han sido parte integral de la dieta humana o animal y por lo tanto sus consecuencias en la salud para aquellos que las consuman, especialmente por extensos períodos de tiempos, son todavía desconocidas.

Investigaciones previas demostraron que existe un vínculo entre el cáncer y los alimentos genéticamente modificados, así como una serie de incrementos de enfermedades y trastornos relacionados.

Y si bien el gigante de los transgénicos se defiende con sus propias investigaciones, —las cuales solo duran 90 días, después de los cuales la empresa da por bueno cualquiera de los alimentos que produce si estos no provocan efectos dañinos visibles en los sujetos de experimento—, al menos en este caso la aprobación por parte de las autoridades sanitarias de cada país parece a todas luces prematura.

A fines de 2011, el 65% de los franceses expresaron su preocupación por la eventual presencia de Organismos Genéticamente Modificados en los alimentos de consumo cotidiano, luego de que el Consejo de Estado de Francia autorizara de nuevo el cultivo del maíz transgénico MON 810, producido por Monsanto, cuyo uso estaba prohibido en el país.

En febrero de 2008 el gobierno francés declaró una moratoria para la siembra de esas semillas con el objetivo de estudiar mejor su impacto en la salud y la economía, pero en diciembre del año pasado la máxima instancia administrativa del país anuló esa decisión.

La variedad MON 810 contiene una alteración en su estructura genética para producir una proteína que funciona como repelente a algunos insectos. Hasta el momento no existen datos suficientes sobre los efectos en la salud humana por el consumo de este maíz, pero experimentos hechos en laboratorio detectaron una disminución en la fertilidad de ratones alimentados exclusivamente con ese cereal.

Por otra parte existe el riesgo de que el contacto permanente de los insectos con la proteína genéticamente modificada provoque resistencia, lo cual acarrearía nuevas plagas en lugar de evitarlas. Organizaciones campesinas denunciaron, además, que debido a la polinización natural por el viento, las aves y los insectos; los genes de este grano contaminan y destruyen plantaciones vecinas con variedades naturales de maíz.

Si el gobierno no hace todo lo posible por poner una nueva interdicción a esta semilla, se corre el riesgo de ver aparecer el MON 810 en los campos franceses para la primavera próxima, dijo el director de campaña de Greenpeace Sylvain Tardy. Por su parte, el líder ambientalista José Bové advirtió que desde 2008 no pasa una semana sin que nuevas pruebas vengan a confirmar todas las acusaciones contra ese producto de la transnacional estadounidense.

Hasta las gallinas se rehúsan a comer maíz transgénico

Algunas personas dicen que no existe diferencia entre el maíz genéticamente modificado y el tradicional, pero hasta las gallinas notan la diferencia. ¿Será que las gallinas son más listas el homo sapiens?

Gallinas africanas que se rehusaban a comer un alimento de maíz ayudaron a descubrir que el maíz había sido alterado genéticamente. Al analizarse el grano se develó que había sido modificado para producir proteínas tóxicas para ciertos insectos y hierbas.

Strilli Oppenheimer, dueño de la granja Brenthurst, dejó de consumir huevos e inmediatamente estableció una dieta orgánica para sus gallinas, algo que desafortunadamente es prácticamente imposible de hacer para muchos seres humanos.

Según Oppenheimer casi todo el maíz de Sudáfrica está contaminado y el 96% de los productos de soya están modificados genéticamente.

Mientras tanto, el presidente Barack Obama nombró zar de alimentos al ex VP de Monsanto, la empresa más grande del mundo de alimentos modificados con una ética sumamente cuestionable, por no decir deleznable.

Con datos de http://pijamasurf.com/2009/08/hasta-las-gallinas-se-rehusan-a-comer-maiz-modificado-geneticamente/


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