Publicado el 2011-10-07

Los aborígenes de Cuba también "ataban" el Sol

Francisco G. Navarro

Rodas, Cuba (PL).- La Siguaraya y Las Tres Bocas, grutas pertenecientes al sistema ceremonial Palo Liso-Las Glorias en el municipio de Rodas, provincia sur-central de Cienfuegos, destacan en ese complejo por contar con un calendario solar y telescopios naturales, respectivamente. El profesor universitario Marcos Rodríguez, arqueólogo con más de tres décadas dedicado a esta rama del conocimiento histórico, comentó a Prensa Latina la importancia del calendario solar en la marcación de los ciclos vitales, anímicos y económicos de las primitivas comunidades agroalfareras que habitaron el lugar.

Mediante ese instrumento de medición podían estar al tanto del advenimiento de las lluvias primaverales y preparar sus rituales relacionados con la conexión tierra-cielo, pues aquellos pueblos aborígenes vivían muy pendientes de los astros, consideró el docente de la Universidad de Cienfuegos, 250 kilómetros al sureste de La Habana.El sistema ceremonial Palo Liso-Las Glorias está ubicado entre las cuencas de los ríos Damují -el más importante de la región centro-sureña de la Isla-, Anaya y Jabacoa, éstos afluentes del primero, en un terreno ondulado a unos 30 metros sobre el nivel del mar, y en la actualidad sujetos a la explotación agrícola y ganadera.Además de las mencionadas cavernas y las dos que le dan nombre, integran el complejo las conocidas como Santa Ana, El Portal, del Guano y del Jagüey, en su conjunto una importante galería del arte rupestre en Cuba.CALENDARIO SOLAR

Rodríguez sostiene la tesis de que el culto a los astros es un aspecto que sobresale en Palo Liso-Las Glorias, pues como era habitual en pueblos de semejante estadio histórico, los habitantes de esta región adoraban tanto al Sol como a la Luna y otros cuerpos celestes.Además del factor referido a la cosmovisión del mundo por esas comunidades, el investigador apunta uno más práctico: la necesidad de observar los movimientos astrales y sus posiciones en el cielo, en beneficio de las actividades económicas.

Entre los fenómenos que se repetían de manera cíclica, los aborígenes tenían en cuenta las lluvias asociadas a la llegada de la primavera, el arribo de algunas especies de animales y su reproducción, así como la abundancia de frutos silvestres, entre otros.Tal función astronómica debió ejercer la cueva de La Siguaraya, que debe su bautizo a un árbol de esa especie (Trichilia glabra), de la familia de las meliáceas y autóctono de las Antillas, el cual crece desde el piso de la furnia.

Expediciones realizadas en años sucesivos por los grupos de aficionados a la arqueología Jagua (de Cienfuegos, capital provincial) y Jabacoa (Rodas), de conjunto con amateurs de la astronomía reunidos en el Grupo de Estudios de los Fenómenos del Universo, coincidentes con los solsticios de invierno, corroboraron la hipótesis.En días previos y posteriores al 21-22 de diciembre, la luz solar penetra durante varios minutos de manera oblicua a través de una dolina (abertura casi circular en el techo de la gruta).

El haz de luz ilumina entonces cerca de 20 minutos, barriendo de izquierda a derecha una zona en el interior de la caverna, en la cual está grabado un petroglifo compuesto por gruesos trazos esculpidos en la roca, formado por una secuencia de cinco líneas verticales, algunas ligeramente inclinadas.Los investigadores, indica Rodríguez, llegamos a la conclusión de que la iluminación no se trataba de un hecho fortuito, sino un efecto logrado a partir de la voluntad humana, y como resultado de la observación de un fenómeno natural y su aplicación práctica a la satisfacción de necesidades materiales y anímicas.

Estábamos en presencia de un interesante caso de reloj, calendario o marcador solar, confirmado por el hecho de estar ubicado el dibujo en el sitio exacto de incidencia de los rayos solares y no en otro rincón de la cueva, además, es el único petroglifo del complejo, confeccionado mediante talla en lugar del simple arañazo, añadió.Más notorio que el de La Siguaraya resulta el observatorio astronómico aborigen de la cueva Número Uno de Punta del Este, Isla de la Juventud, reportado desde los años 20 del pasado siglo por el sabio cubano Fernando Ortiz, y luego por el doctor Salvador Massip y el geógrafo Antonio Núñez Jiménez.

También está el de la Cueva de Los Bichos, en el sistema cavernario La Patana en Maisí, extremo oriental de la Isla, citado por Núñez que toma como referencia al arqueólogo estadounidense Mark Raymond, quien exploró el lugar a principios de la anterior centuria.

TELESCOPIOS DE LAS TRES BOCAS

En el techo del salón principal de la furnia, llaman la atención varias claraboyas que traspasan de lado a lado todo el espesor de la masa rocosa, la cual hace las veces de techumbre, tubos pétreos labrados por la naturaleza con tal perfección que parecieran fruto de la labor humana.Los investigadores comprobaron que, en el denominado Salón de las Claraboyas, cualquier espectador situado bajo esta especie de telescopios puede mirar, en el círculo celeste definido por los \\\"tubos\\\", el paso de los astros a través de la bóveda celeste y realizar elementales observaciones astronómicas y sencillos cómputos del tiempo.

La hipótesis de Rodríguez y sus compañeros de estudio augura la posibilidad de que los aborígenes del actual territorio de Rodas dieron un uso similar a las claraboyas, y pudieron calcular el inicio y final de determinados ciclos naturales.Aunque recomienda seguir profundizando en estas exploraciones científicas, Marcos Rodríguez apela al lenguaje poético y comenta que si Reino Unido tiene en Stonehenge, y Perú en Intihuatana, lugares donde los antiguos ataban el Sol, Cuba cuenta con algo similar en el sistema ceremonial Palo Liso-Las Glorias.

Corresponsal de Prensa Latina en la provincia cubana de Cienfuegos.


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