Publicado el 2011-07-16

Afrodescendientes en América Latina: una causa retomada

Marta Gómez Ferrals

La Habana (PL).- En el Año Internacional dedicado por la ONU a los descendientes de africanos en el mundo, la región latinoamericana asume el deber histórico de combatir la discriminación, abierta o velada, que pervive. Unos 150 millones de descendientes de africanos, el 30 por ciento de la población de América Latina y el Caribe, sufren las consecuencias de pobreza y exclusión desproporcionadas, corroboró un informe del PNUD en febrero pasado.

En un artículo difundido entonces, la organización de la ONU para el desarrollo precisó que Brasil es el país con mayor número de afrodescendientes en el área, y el que registra una mayor brecha racial en los temas de pobreza y educación.El testimonio de la activista Verónica Villagra, de Uruguay, recogido en ese reporte, denuncia que en su país los afrodescendientes son pobres en su mayoría y afrontan los desafíos de un racismo renovado en sus formas de exclusión.Informaciones difundidas por la prensa este año dan fe de que en Colombia el referido sector poblacional todaviía tiene el 80 por ciento de sus necesidades básicas insastisfechas, con bajos niveles de ingreso percápita, equivalentes a una tercera parte del promedio nacional.En Argentina, nación donde se ha negado por largo tiempo la existencia de africanos y posibles descendientes, los tozudos acontecimientos históricos desmienten esas conclusiones.De acuerdo con el estudioso Diego Buffa, de la Universidad de Córdoba, en el siglo XIX hubo importantes comunidades de esclavos en Tucumán, Santiago del Estero y Buenos Aires.En la población de Córdoba, hay rasgos que evidencian la presencia de componentes genéticos africanos, cuya huella se quiso borrar y se creía desaparecida en el XIX, estima el profesor Buffa.La discriminación de los afrodescendientes no es hoy, por desgracia, un fenómeno privativo de unos pocos países, como los citados.Está presente dondequiera que haya descendientes de africanos, incluso de una manera sutil y enmascarada, hasta donde han habido grandes logros sociales y existan programas que favorezcan la igualdad y la inclusión de todos los ciudadanos. Esto es algo en lo que insisten hoy estudiosos y activistas defensores de los derechos.La historia de la región ha demostrado que, a pesar del hito que significó en el siglo XIX la abolición de la esclavitud ocurrida de manera puntual en las naciones del continente, el flagelo de la exclusión y el estigma social siguieron vigentes.Expertos afirman que tras la independencia de las metrópolis ganada por América Latina, se impuso el modelo de estado-nación de corte europeo, basado en una dominación y cultura únicas, que no reconocía, sino más bien perseguía, la espiritualidad y cultura del indio y los descendientes de africanos.De modo que los antiguos esclavos y sus hijos, fueron colocados de nuevo al final de los estamentos sociales de las flamantes naciones emergidas de los procesos libertarios, como seres de ínfima cateoría.Y esa injusticia histórica ocurrió, a pesar de que en el colonialismo  el trabajo esclavo fue esencial, al propiciar la base fundamental de la economía.Ocurrió y pervive, además, a pesar de los innegables aportes culturales que los hijos de africanos y mestizos nunca dejaron de hacer, ingredientes imprescindibles de tantas identidades nacionales de América.Algunos investigadores, como el cubano Fernando Martínez Heredia, consideran que en los últimos 15 años ha ido creciendo la percepción de la persistencia del racismo y el rechazo a sus graves implicaciones.El también director del Instituto cubano de Investigaciones Culturales Juan Marinillo, afirmó que esa oleada de toma de conciencia implica a sectores cada vez más amplios y a un buen número de instituciones.Las anteriores palabras fueron expresadas en la inauguración,  en La Habana, de una conferencia internacional con motivo del año promocionado por la ONU.En la nación antillana, donde la Revolución triunfante en 1959 trajo cambios esenciales que mejoraron la vida de los afrodescendientes, se considera, sin embargo, que aún hay que dar batalla a manifestaciones solapadas de racismo, reverdecidas a nivel de la conciencia social en los últimos años.La voluntad política de los gobernantes cubanos ha sido diáfana al respecto: cualquier expresión de discriminación o exclusión racial, aún en sus formas más veladas, es incompatible con el modelo de sociedad que se edifica en la nación y no será admitida.Muchos expertos coinciden en que para dar batalla final a los prejuicios raciales, amén de la voluntad política imprescindible, hace falta trabajar desde la educación y la cultura.Sólo así se conseguirá una práctica social solidaria, generosa e incluyente que borre para siempre los conservadores y reaccionarios prejuicios que sustentan el racismo.Venezuela, otra de las naciones latinoamericanas con un fuerte componente de descendientes de la madre África, prepara la aprobación de una ley orgánica contra el racismo, como una muestra de la importancia que se da al problema en la nación bolivariana.Por estos días ha sido sede del IV Encuentro Internacional de Afrodescendientes y las Transformaciones Revolucionarias en América Latina y el Caribe, con la asistencia de valiosos expertos de Cuba, Argentina, Colombia, Ghana, Mali, Brasil, San Vicente y las Granadinas y Trinidad y Tobago, entre otros países.Señales de que la toma de conciencia es un hecho, mientras se abona el camino de las acciones concretas, también en marcha.


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