Publicado el 2011-05-18

Develan huellas de cultura aborigen en Cuba

Adalys Pilar Mireles

Científicos locales han comenzado a estudiar evidencias de prácticas funerarias aborígenes halladas en la más occidental provincia cubana,  junto a otras huellas de esa cultura, como pictografías y petroglifos.

Después de varios años de pesquisas, antropólogos locales examinan ahora fragmentos de esqueletos humanos con tonalidades rojizas, encontrados en un mogote del municipio pinero de Minas de Matahambre, en el noroeste de la isla.

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En el lugar, explorado anteriormente por arqueólogos, aparecieron recientemente pedazos de cráneos y otros restos óseos, pintados de rojo, una costumbre atribuida a los nativos que habitaron el archipiélago milenios atrás, declaró a Prensa Latina Hilario Carmenate, presidente  del Comité Espeleológico Provincial. El procedimiento es interpretado como una suerte de culto a los muertos.     Indagaciones previas revelaron la presencia en esa zona de otros valiosos vestigios vinculados al período colonial, pero hasta la fecha se desconocía la existencia allí de un sitio funerario o de habitación  asociado a las más primitivas comunidades de este archipiélago. Las investigaciones recién comienzan y se espera que exámenes posteriores podrán confirmar la antigüedad de las partes de osamentas, el sexo, la edad y quizás la causa de la muerte, explicó el experto. Esta práctica formaba parte de un rito mágico-religioso alrededor de la muerte, probablemente considerada por los aborìgenes como un momento de tránsito entre dos estadios, asevera el historiador Jorge Freddy Ramírez. El ritual sucedía a la inhumación inicial, la cual era acompañada en ocasiones de ofrendas como instrumentos de trabajo y adornos personales. Tiempo después, agregó, los huesos resultaban exhumados y teñidos, fundamentalmente los de mayor tamaño, para formar luego un nuevo  enterramiento denominado secundario, en un lugar considerado sagrado por aquellos pobladores. Opinan estudiosos que la costumbre debió estar ligada a ceremonias litúrgicas aún desconocidas y que según la cosmovisión indígena la vida no terminaba definitivamente con el fallecimiento del ser humano. Los grupos aborígenes que vivieron en esta zona poseían una economía de apropiación por su dependencia de la pesca, la caza y la recolección. Nombrados guanahatabeyes u hombre tosco en lengua arahuaca, utilizada por los otros grupos (siboneyes y taínos) que habitaron la Isla, se establecían temporalmente en grutas, planicies y otros escenarios naturales como los espacios próximos a la costa. Paralelamente a estas investigaciones equipos de espeleólogos exploran las serranías de esta zona en busca de pictografías y petroglifos creados por las comunidades aborígenes y otros grupos como los cimarrones o esclavos rebeldes. Según Carmenate, el propósito de las actuales indagaciones es dejar constancia gráfica de esos símbolos que pudieran peligrar por el efecto  de los rayos solares, el escurrimiento de las lluvias o la acción humana. Se trata, añadió, de una labor muy compleja cuyos primeros pasos serán la localización y registro detallado de los yacimientos rupestres  junto a la evaluación preliminar de su estado de conservación. Además de los dibujos a mano alzada y calcos, nos apoyamos en la  fotografía para perpetuar el legado de quienes nos antecedieron e intentar descifrar motivaciones y significados, aseveró el espeleólogo. Esos enigmáticos motivos sobrevivieron durante siglos, sin embargo en las últimas dos décadas han sufrido daños los cuales convirtieron en imperceptibles ciertos rasgos. En Pinar del Río, distante unos 140 kilómetros de La Habana, fueron  descubiertos 40 escenarios donde perduran las añejas obras, en su mayoría atribuidas a los nativos que habitaron el archipiélago. En sus dibujos predominan los círculos concéntricos, tal vez como reflejo de una cultura de veneración al sol, precisó. La Solapa de los pintores, en Minas de Matahambre, resulta una de  las más relevantes por la magnitud de sus murales pictográficos. La Cueva del Cura, en Viñales, es otro de los parajes de gran significación, allí se superponen varios estilos que sugieren la  presencia de dos agrupaciones: indígenas y cimarrones de origen  africano, las que pudieron coexistir o no en el tiempo. "En esos predios  hallamos trazos que evocan jinetes y aves, junto a otras expresiones", evocó. La gruta de los petroglifos y la caverna de Santo Tomás, distinguida como una de las más extensas de Latinoamérica, figuran también entre las  reliquias del arte rupestre por sus curiosos signos, rayados sobre una  pared ahumada.

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* La autora es corresponsal de Prensa Latina en la occidental provincia cubana de Pinar del Río.


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