Publicado el 2011-03-02

Chevron-Texaco muerde el polvo

SENA-Fobomade

Se llama Pablo Fajardo Mendoza, nació pobre, de niño trabajó desbrozando maleza, estudió en un colegio de los padres capuchinos, irónicamente comenzó a trabajar para una compañía petrolera, y con ayuda de los misioneros navarros logró una beca para estudiar Derecho a distancia. Se graduó en leyes hace siete años y hoy es considerado un héroe en Ecuador porque logró lo que pocos creían que podría lograr: que la poderosa petrolera Chevron-Texaco pague 9.510 millones de dólares por los daños causados en la Amazonía.

Fajardo es representante del Frente para la Defensa de la Amazonia (FEDAM), que agrupa a unos 30.000 afectados por la contaminación de la selva en la zona de Lago Agrio, donde opera la poderosa empresa petrolera Chevron Corporation. Lo paradójico es que mientras la compañía norteamericana tiene un potente bufete de letrados, en la otra trinchera se encontraba el abogado de 39 años que arañó horas de sueño para acabar sus estudios nocturnos en una chabola de la selva ecuatoriana.

Fajardo ya había sido reconocido en 2007 como \\\"Hero\\\'s award\\\" por la CNN en la categoría de \\\"gente común y héroes extraordinarios\\\" y al año siguiente el Premio Goldman para el medio ambiente, con Luis Yanza, también miembro de la FEDAM.

Fajardo logró poner contra las cuerdas a la compañía petrolera en un tribunal de Ecuador pidiendo denodadamente que Texaco (actual Chevron-Texaco) repare los daños ecológicos que causó en la Amazonia ecuatoriana desde que empezó a extraer petróleo en 1964.

El caso se remonta a la década de 1970, cuando Texaco se asoció con la petrolera Petroecuador para perforar pozos. Terminó sus operaciones en Ecuador en la década de 1990 y se le asignó la responsabilidad de la limpieza de sitios proporcional a su participación en el proyecto. La empresa afirma que invirtió 40 millones de dólares en la limpieza, aunque Fajardo desmiente este extremo.

Las poblaciones locales presentaron una demanda contra Texaco en la corte de Nueva York en noviembre de 1993, y, después de nueve años (en agosto del 2002), sus jueces dictaminaron que la causa debía verse en Ecuador. La demanda por el denominado \\\"Chernobil del Amazonas\\\" fue presentada en nombre de las 30.000 personas cuya salud y medio ambiente fueron dañados por el agua cargada de residuos químicos vertidos por las operaciones de Texaco entre 1972 y 1990. Chevron adquirió Texaco en 2001.

El dañó que dejó la compañía ChevronTexaco es el más grande de la historia relacionado a la contaminación petrolera y no ha sido superado siquiera por la del Golfo de México, que fue causada por BP. Se calcula que el daño que dejó la Chevron es 10 veces más grande.  Texaco explotó durante 26 años una concesión de casi un millón de hectáreas en la Amazonía ecuatoriana. En esa zona, la tasa de leucemia en niños de cero a cuatro años es tres veces más alta que en cualquier otra región del país, mientras que la tasa de cáncer es 150 por ciento superior al promedio.

El conflicto que ha venido enfrentando a las poblaciones de la Amazonia ecuatoriana y la petrolera Chevron-Texaco no sólo es el litigio ambiental más importante de la historia, sino una lucha de titanes entre grandes abogados. El relato de daños provocados por los yacimientos petrolíferos en las poblaciones indígenas parece el espectáculo dantesco que describe Joseph Conrad en El corazón de las tinieblas, señalan los periodistas que cubrieron este acontecimiento.

Se trata de millones de litros de agua tóxica y productos altamente contaminantes procedentes de las perforaciones que fueron arrojados directamente a los ríos o se vertieron en improvisadas piscinas que también contaminaron las aguas subterráneas. Estos desechos tóxicos afectaron a las culturas y las poblaciones indígenas y también a los colonos; “y se presume que son la causa de que cientos de personas murieran de cáncer y los niños de leucemia”, agregó Fajardo.

\\\"Destruyeron las poblaciones indígenas, porque acabaron con su forma de alimentación: la caza y la pesca. Los peces murieron y los ríos también\\\", sentencio Fajardo en una visita que hizo hace dos años a Barcelona. Con la llegada de los operarios de la compañía petrolera también aparecieron \\\"el licor y las enfermedades\\\", que mermaron las comunidades indígenas, hasta que dos de ellas desaparecieron. El empleo de cromo-hexavalente (un aditivo cancerígeno usado para extraer el petróleo) \\\"causó la muerte de cientos de personas por cánceres\\\" y, hoy, el riesgo de sufrir cáncer en algunas poblaciones es el triple de la media, explicó el abogado.

El juicio contra la empresa dilatado por el dinero, acciones legales y pretensiones de chantaje, logró abrirse paso en el tiempo a fuerza de constancia y perseverancia, de campañas de difusión, gracias al concurso de centenares de expertos que han levantado información de campo, al apoyo de cineastas, periodistas, artistas, también la solidaridad de otros pueblos indígenas, campesinos, y otros que sufren la misma situación y la colaboración de decenas de organizaciones ecologistas en el Ecuador y el mundo.

Finalmente, el juez de la Corte de Nueva Loja en Ecuador, Nicolás Zambrano, reconoció que la compañía norteamericana es culpable de la contaminación que dejó en la Amazonía ecuatoriana durante sus 26 años de operación. Se trata de una de las sentencias más esperadas de los últimos años porque los abogados habían indicado inicialmente que el valor a pagar por la multinacional superaba los 8.000 millones de dólares, pero una vez añadidas todas las sumas detalladas en la sentencia, de 188 páginas, llegaron a la cantidad de 9.510 millones.

La sentencia precisa que Chevron deberá pagar 5.396 millones de dólares para limpieza de suelos, 1.400 millones para construir sistemas de salud, 800 millones para planes de salud y atención a los pacientes con cáncer, 600 millones para limpieza de aguas subterráneas, 200 millones para recuperación de especies nativas, 150 millones para proyectos de dotación de agua y 100 millones para reparar el daño cultural.

En la sentencia además el juez Zambrano dictamina que la transnacional norteamericana debe pedir disculpas públicas a las víctimas de la Amazonía ecuatoriana por el crimen cometido. Si Chevron se niega debe pagar el 100% más del monto económico establecido; es decir, que la cifra económica puede ascender a más de 16 mil millones de dólares.

Para determinar el monto total que tiene que pagar la Chevron-Texaco el juez no tomó en cuenta el tan mencionado informe del perito Richard Cabrera, quien según la petrolera se confabuló con los demandantes para extorsionar a la compañía. El juez basó su sentencia en los cerca de 100 informes de otros peritos muchos de ellos pagados por la propia Chevron –Texaco, que también señalaron que había contaminación.

“Es la multa más importante puesta hasta ahora en el mundo por un daño ambiental… Es una sentencia histórica y debe servir para hacer justicia para que las empresas actúen con responsabilidad, de forma que cuando causen un daño quedan obligadas a restaurarlo”, declaró Fajardo. “El juez ha hecho justicia y ha visto la realidad. Sabemos que esto es solo una parte de nuestra lucha y seguiremos hasta que se haga justicia y se remedie el daño. El mundo debe saber lo que pasó en la Amazonía y que nuestra lucha es por la vida, por la justicia”, señaló Humberto Piaguaje, dirigente de los Secoyas.

El portavoz de la empresa estadounidense, James Craig, declaró a la agencia AP que “la sentencia no es legítima ni ejecutable. Es producto de fraude y contraria a la evidencia científica”. En un comunicado público, Chevron destacó que “tanto las cortes en Estados Unidos como tribunales internacionales ya han tomado medidas para prevenir la aplicación de la sentencia emitida por la corte ecuatoriana. Añadió que “procurará que aquellos que han perpetrado este fraude respondan por sus acciones y su conducta impropia”.

Los afectados ven este dictamen como el inicio de que la justicia empieza aunque saben bien que la lucha seguirá y que sobretodo la Chevron empezará una serie de campañas para desprestigiar la realidad e intentar cambiar la sentencia a su favor, por eso, dicen los afectados que ellos estarán atentos y seguirán con la lucha hasta que la justicia definitiva llegue.

“Podemos decirles a nuestros vecinos y afectados que la justicia existe. Ellos pueden soñar con poder beber agua limpia, que no tenga residuos de petróleo como hemos tenido que beber hasta estos momentos, podemos soñar con que la tierra se empiece a limpiar y a mejorar, podemos soñar con una vida mejor”, dijo Guillermo Grefa, dirigente de la comunidad kichwa.

“Ningún monto del mundo podrá devolver las vidas, el daño que ha causado esta contaminación, pero este monto no es suficiente para remediar todo lo afectado. Recordemos que se dañó el agua, la vida, la Tierra; que muchas personas murieron, por eso creemos que el monto debería revisarse”, señaló Luis Yanza, coordinador de la Asamblea de Afectados de Texaco.

La lucha contra la Texaco tiene un largo recorrido en donde se suman las acciones de resistencia y rechazo interpuestas por los pueblos indígenas, habitantes tradicionales de esos territorios, luchas de los campesinos reclamando por los abusos de la empresa, misioneros comprometidos con la gente, o ecologistas deconstruyendo lo que se había convertido en como el mito del “desarrollo” para el país basado en la explotación petrolera.

El caso de Texaco permitió colocar sobre el escenario político varios temas: la desigualdad de los tratos con las transnacionales, la capacidad de las empresas petroleras de permear gobiernos, los doble estándares en sus prácticas y los abusos cometidos contra la población -y la naturaleza- como parte la de ocupación de territorios.

Los grupos de defensa ambiental, Amazon Watch y Rainforest Action Network, elogiaron el fallo. \\\"Es hora de que Chevron limpie su caos desastroso en el Ecuador\\\", dijeron. Acción Ecológica resalta el dictamen que reconoce una amplia gama de impactos que incluyen contaminación del suelo, de las fuentes de agua, afectaciones a la salud y severos efectos culturales y sociales en las poblaciones locales. El segundo elemento de la sentencia se relaciona con el daño moral del delito. Esto está acorde con los lineamientos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos que cuando habla de reparación incluye, además de la rehabilitación y compensación, la satisfacción y garantías de no repetición.


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