¿Queremos una represa en el angosto de El bala?

¿Queremos una represa en el angosto de El bala?

¿Qué es una represa?

Una represa o presa es una barrera de contención colocada transversalmente a un río que tiene el propósito de almacenar agua para determinados propósitos, por ejemplo, dotar de riego o de agua potable, como también producir energía eléctrica. El embalse, es el lago artificial que se forma detrás de una presa. Las represas que utilizan la fuerza del agua para generar energía son denominadas represas hidroeléctricas.

Para producir energía, de manera permanente, se necesita que el caudal del río sea relativamente constante. Pero el caudal de los ríos depende de las lluvias que disminuyen en invierno, cuando más energía se precisa. Entonces, para lograr que el caudal sea más o menos constante se construyen las represas, cuya función es acumular agua durante la época de lluvias y dejarla correr durante la época seca. De esta manera, las presas deberían permitir que el río tenga un caudal regular a lo largo del año.

La represa de El Bala

El proyecto para la construcción de la represa de El Bala está ubicado en el punto donde el río Beni marca el encuentro entre los Andes y la Amazonia, a unos 200 metros sobre el nivel del mar y pocos kilómetros aguas arriba de las poblaciones de San Buenaventura y Rurrenabaque.

En el área de influencia del proyecto existen dos áreas protegidas: El Parque Nacional y Area de Manejo Integrado Madidi, que es considerado uno de los de mayor diversidad biológica del planeta y, la Reserva de la Biosfera y Territorio Indígena Pilón-Lajas, donde habitan comunidades tacanas, tsimanes así como moseténes que, además,
alberga una notable cantidad de especies de animales y plantas.

Por sus características, desde la década del 50 existen propuestas para construir una represa en el angosto de El Bala. Recientemente, ante la posibilidad de exportar energía eléctrica al Brasil, la idea fue nuevamente reavivada e impulsada por la prefectura del Departamento de La Paz.

La propuesta para construir la represa de El Bala, realizada por la empresa ICE Ingenieros, consideraba una presa de 159 metros, desde el lecho del río, para producir 2.460 MW, lo que representa 3 veces la demanda máxima del país. Esto significa la inundación de 2.505 km2, casi todos cubiertos por bosque primario tropical, en muy buen estado de conservación.

La última propuesta, realizada por el consultor de la Prefectura, el Dr. Gregory Morris, presenta una alternativa para disminuir el tamaño del embalse, mediante la construcción de dos presas de menor tamaño. Ambas presas, la primera de ellas ubicada en el angosto de El Bala y la segunda en la serranía de Chepite, tendrían en conjunto una superficie de 854 km2, un volumen de 30 km3 y la capacidad de generar 1.800 MW.

¿Qué ganarían los bolivianos con El Bala?

El principal beneficio económico de este proyecto sería la venta de energía eléctrica al Brasil, el único país vecino que en las próximas décadas podría estar interesado en comprar la cantidad de energía que El Bala produciría. Las ganancias que esta venta podría producir están en función, principalmente, de la cantidad anual de energía generada y de su precio en el mercado internacional. Cálculos realizados a partir de la información parcial con la que cuentan los proyectos, permiten concluir que ambas alternativas son inviables desde el punto de vista económico, fundamentalmente, por el alto costo que implica el tendido de cables de alta tensión hasta la frontera con Brasil.

Sin embargo, incluso en caso de que alguna alternativa fuera rentable, quienes se beneficiarían con las ganancias serían, primero, en la etapa de construcción, las empresas consultoras y constructoras a cargo del proyecto y los proveedores de equipos, ambos seguramente extranjeros. Luego, debido a que en Bolivia la exportación de energía eléctrica no paga más que el impuesto a las utilidades que declaren las empresas, las concesionarias de la administración del proyecto serían las grandes beneficiadas. Dado el tamaño de la inversión, estas empresas seguramente también serían extranjeras.

De esa manera, el Estado boliviano así como los departamentos de La Paz y Beni no obtendrían mayores beneficios, por lo que, si tenemos en cuenta los impactos negativos en las poblaciones indígenas y campesinas, el deterioro de la calidad del agua, la disminución de peces en los ríos, la pérdida de una parte riquísima de bosque tropical húmedo, en muy buen estado de conservación, los beneficios no compensarían las pérdidas que provocaría el proyecto.

¿Cuál es el precio que pagaría la región?

En términos socio-económicos:

  • Se calcula que, de construirse el proyecto, unas 1.000 personas perderían sus tierras y cualquier bien que no pudieran llevar consigo el momento de abandonar definitivamente la zona donde se produciría la inundación. Más del 80% de esas personas a las que el proyecto afectaría, pertenecen a las culturas indígenas Tacanas, Mosetén y Tsiman, que ya han sido muy afectadas por los procesos productivos o extractivistas que, de más en más, se desarrollan en la región. Si El Bala llegará a construirse, esas personas serían trasladadas a zonas donde seguramente no existen las mismas condiciones ni posibilidades para continuar con la vida que llevaban hasta ahora y esta situación significaría un duro golpe para estas culturas indígenas.
  • Si el bosque se inundara, su proceso de descomposición duraría entre 10 y 100 años, tiempo durante el cual contaminaría el agua del embalse. De esta manera, las personas que viven río abajo recibirían el agua sucia proveniente de la represa y verían afectada su salud por enfermedades estomacales y problemas en la piel. En estas condiciones, sería muy probable que aumentaría la cantidad de insectos transmisores de enfermedades como la fiebre amarilla, malaria, leishmaniasis y dengue.
  • Las presas retienen los nutrientes que lleva el río, por lo que el bosque, así como los pastizales naturales de las llanuras de inundación del río Beni, que están bajo la represa, disminuirían su productividad perjudicando la agricultura y la ganadería regional.

En términos ambientales:

  • El nuevo camino para llegar al sitio de la presa, facilitaría el ingreso de cazadores, madereros e incluso a agricultores que poco a poco alterarían los bosques que aún están en buen estado de conservación.
  • La construcción de la represa, además de afectar la calidad del agua, cambiaría localmente los cauces del río, aumentaría la erosión y el transporte de sedimentos, además sería molesta para las personas y dañina para los animales y plantas cercanas.
  • Con el llenado del embalse muchos animales morirían de hambre o atrapados por el agua.
  • El tendido de la línea de transmisión provocaría más impactos de magnitud al atravesar ecosistemas en buen estado de conservación.
  • Además, los embalses tropicales producen fuertes emisiones de gases de efecto invernadero, debido a que provocan la descomposición de una gran cantidad de materia orgánica.

A pesar de lo anterior, las represas tendrían dos efectos que pueden ser considerados positivos:

El primero se trata de la creación de fuentes de trabajo durante la construcción que, aunque sólo temporalmente, pueden significar un visible mejoramiento de la economía regional.

El segundo, está relacionado a la capacidad de las represas para controlar inundaciones río abajo. Sin embargo, esta cualidad no siempre es real y en muchos casos las inundaciones debajo de la presa siguen provocando daños, que en algunos casos se vuelven catastróficos.

¿Es El Bala lo que quiere la región?

La represa de El Bala no podrá iniciar su funcionamiento antes de unos 30 años y sólo el costo de sus estudios, hasta el diseño final, podrían ascender a unos 100 millones de dólares. En estas condiciones, cabe preguntase si la región está dispuesta a afectar su riqueza cultural y natural, para correr el riesgo de que el tiempo y el dinero consumidos por El Bala signifiquen la postergación de otros proyectos, como caminos transitables todo el año, que integren efectivamente la ciudad de La Paz con los Yungas y las tierras bajas del Norte; o el suministro de energía, a través de pequeños proyectos, que en el corto plazo, permitan disponer de un servicio confiable y más barato que el actual.

¡Los pobladores de la región tienen la palabra!

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